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MAPAS BÍBLICOS
Los Viajes Misionales del Apóstol Pablo
1. Gaza Felipe predicó de Cristo y bautizó a un etíope eunuco que iba camino a Gaza (Hech. 8:26–39).
2. Jerusalén Véase el mapa 12 para saber sobre los hechos que ocurrieron allí.
3. Jope Pedro tuvo la visión por la que Dios concede el don del arrepentimiento a los gentiles (Hech. 10; 11:5–18). Pedro levantó a Tabita de los muertos (Hech. 9:36–42).
4. Samaria Felipe ministró en Samaria (Hech. 8:5–13), y posteriormente Pedro y Juan enseñaron allí (Hech. 8:14–25). Después de que hubieron conferido el don del Espíritu Santo, Simón el mago intentó comprarles ese don (Hech. 8:9–24).
5. Cesarea Allí, después de que un ángel ministró a un centurión llamado Cornelio, Pedro permitió que éste fuera bautizado (Hech. 10). En este lugar Pablo se defendió ante Agripa (Hech. 25–26; véase también JS—H 1:24–25).
6. Damasco Jesús apareció a Saulo (Hech. 9:1–7). Después que Ananías le restauró la vista, Saulo se bautizó e inició su ministerio (Hech. 9:10–27).
7. Antioquía (en Siria) Allí se les llamó cristianos a los discípulos por primera vez (Hech. 11:26). Agabo profetizó una gran hambre (Hech. 11:27–28). Surgió una gran disensión en Antioquía en cuanto a la circuncisión (Hech. 14:26–28; 15:1–9). Pablo dio comienzo en Antioquía a su segunda misión con Silas, Bernabé y Judas Barsabás (Hech. 15:22, 30, 35).
8. Tarso Ciudad natal de Pablo, adonde le enviaron los líderes de la Iglesia para protegerlo (Hech. 9:29–30).
9. Chipre Después de ser perseguidos, algunos santos se marcharon a esta isla (Hech. 11:19). Pablo viajó por Chipre en su primer viaje misional (Hech. 13:4–5), y después lo hicieron Bernabé y Marcos (Hech. 15:39).
10. Pafos Pablo maldijo a un mago en este lugar (Hech. 13:6–11).
11. Derbe Pablo y Bernabé predicaron el Evangelio en esta ciudad (Hech. 14:6–7, 20–21).
12. Listra Cuando Pablo sanó allí a un hombre paralítico, él y Bernabé fueron aclamados como dioses. Pablo fue apedreado y dado por muerto, pero revivió y siguió predicando (Hech. 14:6–21). Lugar natal de Timoteo (Hech. 16:1–3).
13. Iconio Durante su primera misión, Pablo y Bernabé predicaron en este lugar y los amenazaron con apedrearlos (Hech. 13:51–14:7).
14. Laodicea y Colosas Laodicea era una de las ramas de la Iglesia que Pablo visitó y de las que recibió epístolas (Col. 4:16). Es también una de las siete ciudades que se mencionan en el libro del Apocalipsis (las restantes son Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis y Filadelfia; véase Apoc. 1:11). Colosas está a 18 km al este de Laodicea, y Pablo escribió a los santos que vivían allí.
15. Antioquía (en Pisidia) Durante su primera misión, Pablo y Bernabé enseñaron a los judíos que Cristo era descendiente de David. Pablo ofreció el Evangelio primero a Israel, luego a los gentiles. Él y Bernabé fueron perseguidos y expulsados (Hech. 13:14–50).
16. Mileto Mientras estuvo allí durante su tercera misión, Pablo advirtió a los ancianos de la Iglesia que “lobos rapaces” entrarían en el rebaño (Hech. 20:29–31).
17. Patmos Juan estaba cautivo en esta isla cuando recibió las visiones que componen el libro del Apocalipsis (Apoc. 1:9).
18. Éfeso Apolos predicó con poder en este lugar (Hech. 18:24–28). Durante su tercera misión, Pablo enseñó dos años en Éfeso y convirtió a mucha gente (Hech. 19:10, 18). Allí confirió el don del Espíritu Santo mediante la imposición de manos (Hech. 19:1–7) y efectuó muchos milagros, incluso la expulsión de espíritus malignos (Hech. 19:8–21). Los adoradores de Diana instigaron un tumulto contra Pablo (Hech. 19:22–41). Parte del libro del Apocalipsis iba dirigido a la Iglesia en Éfeso (Apoc. 1:11).
19. Troas Mientras Pablo se hallaba allí durante su segundo viaje misional, tuvo la visión de un hombre de Macedonia que pedía ayuda (Hech. 16:9–12). Durante su tercera misión en este lugar, Pablo levantó a Eutico de los muertos (Hech. 20:6–12).
20. Filipos Pablo, Silas y Timoteo convirtieron allí a una mujer llamada Lidia, echaron a un espíritu inmundo y fueron azotados (Hech. 16:11–23). Recibieron ayuda divina y escaparon de la cárcel (Hech. 16:23–26).
21. Atenas Durante su segunda misión a Atenas, Pablo predicó sobre el “dios no conocido” en la colina de Marte (el Areópago) (Hech. 17:22–34).
22. Corinto Pablo fue a Corinto durante su segunda misión y se quedó con Aquila y Priscila; allí predicó y bautizó a mucha gente (Hech. 18:1–18). Desde Corinto, Pablo escribió su epístola a los romanos.
23. Tesalónica Pablo predicó allí durante su segundo viaje misional, pero su grupo de misioneros tuvo que partir hacia Berea una vez que los judíos amenazaron su seguridad (Hech. 17:1–10).
24. Berea Pablo, Silas y Timoteo hallaron almas nobles a las que enseñar durante el segundo viaje misional de Pablo. Los judíos de Tesalónica los siguieron y los persiguieron (Hech. 17:10–13).
25. Macedonia Pablo enseñó allí durante su segundo y tercer viaje (Hech. 16:9–40; 19:21). Alabó la generosidad de los santos macedonios, quienes compartieron sus ofrendas con él y con los santos pobres de Jerusalén (Rom. 15:26; 2 Cor. 8:1–5; 11:9).
26. Malta Pablo naufragó en esta isla de camino a Roma (Hech. 26:32; 27:1, 41–44). Resultó ileso después de la mordedura de una víbora y sanó a muchos que estaban enfermos en Malta (Hech. 28:1–9).
27. Roma Pablo predicó allí dos años cuando lo tuvieron arrestado en su propia casa (Hech. 28:16–31). Además, mientras estuvo preso en Roma escribió epístolas, o cartas, a los efesios, a los filipenses y a los colosenses, a Timoteo y a Filemón. Pedro escribió su primera carta desde “Babilonia”, que probablemente fuera Roma, poco después de las persecuciones de Nerón a los cristianos en el año 64. Por lo general, se cree que Pedro y Pablo padecieron el martirio allí.

Referencias
  1.   5 Entonces aFelipe, descendiendo a la ciudad de bSamaria, les predicaba a Cristo.
      6 Y las gentes, unánimes, escuchaban atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo los milagros que hacía.
      7 Porque de muchos que tenían aespíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran bsanados,
      8 así que había gran gozo en aquella ciudad.
      9 Y había un hombre llamado Simón, que antes había ejercido la hechicería en aquella ciudad y que había engañado a la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande.
      10 A éste oían todos atentamente desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Éste es el gran poder de Dios.
      11 Y le estaban atentos, porque con sus hechizos los había engañado desde hacía mucho tiempo.
      12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el aevangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bbautizaban hombres y mujeres.
      13 Y aun Simón mismo creyó, y después de bautizarse, seguía a Felipe; y al ver los milagros y las grandes maravillas que se hacían, estaba atónito.
      14 Y cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la apalabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan,
      15 quienes, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo
      16 (porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús).
      17 Entonces les aimpusieron las manos, y recibieron el bEspíritu Santo.
      18 Y cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
      19 diciendo: Dadme también a mí este apoder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo.
      20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
      21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu acorazón no es recto delante de Dios.
      22 Arrepiéntete, pues, de ésta tu amaldad y ruega a Dios, y quizá te sea perdonado el bpensamiento de tu corazón;
      23 porque en ahiel de amargura y en cadenas de iniquidad veo que estás.
      24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que ninguna cosa de éstas que habéis dicho venga sobre mí.
      25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, volvieron a Jerusalén, y en muchas aldeas de los samaritanos anunciaron el evangelio.
      26 Un aángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
      27 Entonces él se levantó y fue; y he aquí que un etíope, eunuco, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros y había venido a Jerusalén para adorar,
      28 volvía sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías.
      29 Y el aEspíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.
      30 Y acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías y dijo: Pero, ¿entiendes lo que lees?
      31 Y él dijo: ¿Y cómo podré si alguno no me enseña? Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él.
      32 Y el pasaje de la Escritura que leía era éste:
    aComo oveja a la muerte fue llevado;
    y como bcordero mudo delante del que lo trasquila,
    así no cabrió su boca.
      33 En su humillación no se le hizo justicia;
    mas su generación, ¿aquién la contará?
    Porque su vida fue quitada de la tierra.
      34 Y respondiendo el eunuco a Felipe, dijo: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto? ¿De sí mismo o de algún otro?
      35 Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
      36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?
      37 Y Felipe dijo: aSi crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
      38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y ale bautizó.
      39 Y cuando subieron del agua, el aEspíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.
  2.   1 Y Saulo, respirando aún aamenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote
      2 y le pidió acartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallaba algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.
      3 Pero yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, súbitamente le rodeó un resplandor de aluz del cielo;
      4 y acayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
      5 Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy aJesús, a quien tú persigues; dura cosa te es bdar coces contra el aguijón.
      6 Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿aqué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que debes hacer.
      7 aY los hombres que iban con Saulo se detuvieron atónitos, oyendo a la verdad bla voz, pero sin ver a cnadie.
          •  •  •
      10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado aAnanías, a quien el bSeñor dijo en cvisión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.
      11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,
      12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.
      13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre y de cuántos amales ha hecho a tus bsantos en Jerusalén;
      14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
      15 Y le dijo el Señor: Ve, porque ainstrumento escogido me es éste para bllevar mi nombre en presencia de los cgentiles, y de dreyes y de los hijos de Israel;
      16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario apadecer por mi nombre.
      17 Ananías entonces fue y entró en la casa, e imponiéndole alas manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha benviado para que recobres la vista y seas lleno del cEspíritu Santo.
      18 Y de inmediato le cayeron de los ojos como escamas, y recobró al instante la vista; y levantándose, fue abautizado.
      19 Y cuando hubo comido, fue fortalecido. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
      20 Y en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.
      21 Y todos los que le oían estaban atónitos y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?
      22 Pero Saulo mucho más se fortalecía y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús es el Cristo.
      23 Y pasados muchos días, los judíos decidieron en consejo matarle;
      24 pero sus aasechanzas fueron conocidas por Saulo. Y ellos vigilaban las puertas de día y de noche para matarle.
      25 Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
      26 Y cuando llegó a aJerusalén, intentaba reunirse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.
      27 Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino, que le había hablado, y cómo en Damasco había hablado osadamente en el nombre de Jesús.
          •  •  •
      29 y hablaba osadamente en el nombre del Señor; y adisputaba con los griegos, pero ellos procuraban matarle.
      30 Cuando los hermanos lo supieron, le acompañaron hasta Cesarea y le enviaron a Tarso.
          •  •  •
      36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que interpretado quiere decir Dorcas. aÉsta abundaba en buenas bobras y en limosnas que hacía.
      37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Y después de haber lavado el cuerpo, lo pusieron en un aposento alto.
      38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres a rogarle: No tardes en venir a nosotros.
      39 Entonces Pedro se levantó y fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas había hecho cuando estaba con ellas.
      40 Entonces, mandando fuera a todos, Pedro se puso de rodillas y aoró; y volviéndose hacia el cuerpo, dijo: ¡Tabita, blevántate! Y ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.
      41 Y él le dio la mano y la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
      42 Esto fue notorio por toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.
  3.   5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión: algo, como un gran lienzo, que descendía, que por los cuatro cabos era bajado del cielo y venía hasta mí.
      6 Cuando fijé en él los ojos, observé y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles y aves del cielo.
      7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.
      8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca.
      9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios ha alimpiado, no lo llames tú común.
      10 Y esto sucedió tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo.
      11 Y he aquí, en seguida llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea.
      12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón.
      13 Él nos contó cómo había visto en su casa un ángel que, puesto de pie, le dijo: Envía hombres a Jope y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro,
      14 quien te hablará palabras por las cuales serás salvo tú y toda tu casa.
      15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.
      16 Entonces me acordé de lo que había dicho el Señor cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
      17 Así que, si Dios les dio también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponer resistencia a Dios?
      18 Entonces, oídas estas cosas, callaron y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios aarrepentimiento para vida!
      19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la atribulación que sobrevino en tiempos de Esteban viajaron hasta Fenicia, y Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.
          •  •  •
      26 Y se reunieron todo un año allí con la iglesia y enseñaron a mucha gente; y los discípulos fueron llamados acristianos por primera vez en Antioquía.
      27 Y en aquellos días descendieron aunos profetas de Jerusalén a Antioquía.
      28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el aEspíritu que iba a haber una gran hambre en toda la tierra habitada, la cual ocurrió en tiempos de Claudio.
  4.   4 Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.
      5 Y después de haber llegado a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos; y tenían también a Juan como ayudante.
      6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto ahechicero, bfalso profeta, judío, llamado Barjesús,
      7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón aprudente. Éste, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.
      8 Pero los resistía Elimas, el encantador (pues así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.
      9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del aEspíritu Santo, fijando en él los ojos,
      10 le dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, ahijo del diablo, benemigo de toda cjusticia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?
      11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y te quedarás aciego y no verás el sol por algún tiempo. Y de inmediato cayeron en él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano.
          •  •  •
      14 Y ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia, y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron.
      15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
      16 Entonces Pablo se levantó y, habiendo hecho señal de silencio con la mano, dijo: Varones israelitas y los que ateméis a Dios, oíd:
      17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres y enalteció al pueblo, siendo ellos aextranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.
      18 Y por un tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto;
      19 habiendo adestruido siete naciones en la btierra de Canaán, les dio en herencia la tierra de ellas.
      20 Y después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel.
      21 Y entonces pidieron rey, y Dios les dio a aSaúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años.
      22 Y después de haber quitado a éste, les levantó por rey a aDavid, de quien dio también testimonio, diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi bcorazón, quien hará todo lo que yo quiero.
      23 De la adescendencia de éste, Dios, conforme a la bpromesa, levantó a Jesús por cSalvador a Israel.
      24 Antes de su venida, aJuan predicó el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
      25 Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? Yo no soy él; pero he aquí, viene tras mí uno cuyo calzado de los pies no soy digno de desatar.
      26 Varones hermanos, hijos del linaje de aAbraham y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación.
      27 Porque los que habitan en Jerusalén y sus gobernantes, no reconociendo a Jesús ni las voces de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle.
      28 Y sin hallar en él causa de muerte, pidieron a Pilato que le amatase.
      29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, lo bajaron del amadero y lo pusieron en el sepulcro.
      30 Pero Dios le levantó de entre los muertos.
      31 Y alo vieron durante muchos días los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, quienes ahora son sus btestigos ante el pueblo.
      32 Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella apromesa que fue hecha a los bpadres,
      33 la cual Dios nos ha cumplido a nosotros, los hijos de ellos, resucitando a Jesús, como también está escrito en el asalmo segundo: Mi bhijo eres tú; yo te he engendrado hoy.
      34 Y con respecto a que le levantó de entre los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las amisericordias fieles de David.
      35 Por eso dice también en otro alugar: No permitirás que tu Santo vea corrupción.
      36 Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres y vio corrupción.
      37 Pero aquel a quien Dios alevantó no vio corrupción.
      38 Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia la aremisión de pecados,
      39 y de todo lo que por la aley de Moisés no pudisteis ser bjustificados, en él es justificado todo aquel que cree.
      40 Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:
      41 Mirad, oh menospreciadores, asombraos y pereced;
    porque yo hago una aobra en vuestros días,
    obra que no creeréis si alguien os la contare.
      42 Y al salir ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente adía de reposo les hablasen de estas cosas.
      43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos devotos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes, hablándoles, los persuadían a perseverar en la gracia de Dios.
      44 Y el siguiente día de reposo, se reunió casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.
      45 Pero los judíos, al ver la multitud, se llenaron de acelos y brefutaban lo que Pablo decía, contradiciendo y cblasfemando.
      46 Entonces Pablo y Bernabé osadamente dijeron: A vosotros a la verdad era menester que se os hablase primero la palabra de Dios; pero puesto que la desecháis y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los agentiles.
      47 Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo:
    Te he puesto para aluz de los gentiles,
    a fin de que seas bsalvación hasta los confines de la tierra.
      48 Y los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, ay creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.
      49 Y la palabra del Señor se adifundía por toda aquella provincia.
      50 Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron apersecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites.
      51 Éstos, entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, se fueron a Iconio.
  5.   6 y ellos, al darse cuenta de eso, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la tierra de los alrededores.
      7 Y allí predicaban el evangelio.
      8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, acojo desde el vientre de su madre, y nunca había andado.
      9 Éste oyó hablar a Pablo, el que, cuando fijó los ojos en él y vio que tenía afe para ser bsanado,
      10 dijo a gran voz: ¡Levántate derecho sobre tus pies! Y él saltó y anduvo.
      11 Entonces la gente, al ver lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: ¡aDioses semejantes a hombres han descendido a nosotros!
      12 Y a Bernabé llamaban aJúpiter, y a Pablo, bMercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.
      13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba delante de la ciudad de ellos, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre, quería ofrecer sacrificios.
      14 Y cuando lo oyeron los aapóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas y se lanzaron entre el gentío, dando voces,
      15 diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos ahombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas bvanidades os convirtáis al Dios vivo, que chizo el cielo y la tierra, y el mar y todo lo que en ellos hay.
      16 En las edades pasadas, él ha adejado a todas las naciones andar por sus propios caminos;
      17 si bien no se dejó a sí mismo sin atestimonio, haciendo bien, dándonos blluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.
      18 Y aun diciendo estas cosas, apenas apaciguaron al pueblo para que no les ofreciesen sacrificio.
      19 Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio que persuadieron a la multitud, y habiendo aapedreado a Pablo, le sacaron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
      20 Pero al rodearle los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y un día después, partió con Bernabé a Derbe.
      21 Y después que hubieron anunciado el evangelio en aquella ciudad, y tras haber enseñado a muchos, volvieron a Listra, y a Iconio y a Antioquía,
          •  •  •
      26 y de allí navegaron a aAntioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.
      27 Y habiendo llegado, reunieron a la iglesia y relataron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto a los gentiles la apuerta de la fe.
      28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.
  6.   1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os acircuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.
      2 Puesto que surgió una disensión y acontienda no pequeña de Pablo y Bernabé con ellos, se dispuso que Pablo y Bernabé y algunos otros de ellos subiesen a bJerusalén, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión.
      3 Ellos, pues, habiendo sido enviados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando acerca de la aconversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos.
      4 Y al llegar a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia, y por los apóstoles y por los ancianos; y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
      5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron, diciendo: Es menester circuncidarlos y mandarles que guarden la aley de Moisés.
      6 Entonces se reunieron los apóstoles y los aancianos para examinar este asunto.
      7 Y tras mucha discusión, aPedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis que hace ya algún tiempo Dios escogió que los bgentiles oyesen por mi boca la palabra del cevangelio y creyesen.
      8 Y Dios, que aconoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros;
      9 y ninguna adiferencia hizo entre nosotros y ellos, bpurificando por la fe sus corazones.
          •  •  •
      22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos a algunos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas, que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos;
          •  •  •
      30 Ellos, pues, después de ser enviados, descendieron a Antioquía; y reuniendo a la multitud, entregaron la carta.
          •  •  •
      35 Y Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con muchos otros.
          •  •  •
      39 Y hubo tal adesacuerdo entre ellos que se apartaron el uno del otro; y Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre.
  7.   1 Después llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado aTimoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.
      2 Y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
      3 Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le acircuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.
          •  •  •
      9 Y de noche se le mostró a Pablo una avisión: Un varón macedonio estaba de pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.
      10 Y después que vio la visión, en seguida procuramos partir hacia Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.
      11 Zarpando, pues, de Troas, navegamos directamente a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis;
      12 y de allí a Filipos, que es la ciudad principal de esa parte de Macedonia y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días.
      13 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde se solía orar; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.
      14 Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura, de la ciudad de Tiatira, y que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor le abrió el corazón para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.
      15 Y cuando fue bautizada, junto con su familia, nos rogó, diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa y aquedaos; y nos persuadió.
      16 Y aconteció que, yendo nosotros al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la que daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
      17 aÉsta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: ¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación!
      18 Y hacía esto durante muchos días, hasta que, desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al aespíritu: ¡Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella! Y salió en aquella misma hora.
      19 Pero viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los llevaron al foro, ante las autoridades;
      20 los presentaron ante los magistrados y dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad
      21 y enseñan costumbres que no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.
      22 Entonces ase agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados, rasgándoles sus ropas, les mandaron azotar con varas.
      23 Y después que los hubieron herido con muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los vigilase con diligencia.
      24 El que, al recibir este mandato, los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo.
      25 Pero a amedianoche, orando Pablo y Silas, bcantaban himnos a Dios; y los que estaban presos los oían.
      26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudieron; y al instante todas las apuertas se abrieron, y las cadenas de todos se soltaron.
      27 Y al despertar el carcelero y ver abiertas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se quería matar, pensando que los presos habían huido.
      28 Pero Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, porque todos estamos aquí.
      29 Él entonces, pidiendo luz, entró precipitadamente, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;
      30 y los sacó fuera y les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser asalvo?
      31 Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.
      32 Y le hablaron la palabra del Señor, a él y a todos los que estaban en su casa.
      33 Él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas de los azotes; y se bautizó en seguida, él y todos los suyos.
      34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó de que con toda su casa había creído en Dios.
      35 Y cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Deja ir a esos hombres.
      36 Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han enviado a decir que se os suelte; así que ahora salid e id en paz.
      37 Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin ser condenados, siendo ciudadanos aromanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos sueltan encubiertamente? No, de ninguna manera, sino vengan ellos mismos a sacarnos.
      38 Y los alguaciles hicieron saber a los magistrados estas palabras, los que tuvieron miedo al oír que eran romanos.
      39 Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que saliesen de la ciudad.
      40 Entonces, después de salir de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos, los consolaron y se fueron.
  8.   1 Y pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a aTesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.
      2 Y Pablo, como acostumbraba, entró a reunirse con ellos, y durante tres días de reposo discutió con ellos, empleando las Escrituras,
      3 declarando y exponiendo que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos; y decía: Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo.
      4 Y algunos de ellos creyeron y se juntaron con Pablo y con Silas; y una gran multitud de los griegos devotos, y de las mujeres principales no pocas.
      5 Entonces los judíos que eran incrédulos, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y, aacometiendo la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.
      6 Pero al no hallarlos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, dando voces: Éstos que alborotan el mundo también han venido acá,
      7 a quienes Jasón ha recibido; y todos éstos actúan contra los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús.
      8 Y se alborotaron el pueblo y las autoridades de la ciudad al oír estas cosas.
      9 Pero después de recibir fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.
      10 En seguida los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea, quienes, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos.
      11 Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, aescudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.
      12 Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres.
      13 Pero cuando los judíos de Tesalónica supieron que también en Berea era anunciada la palabra de Dios por Pablo, fueron allá y también alborotaron al pueblo.
          •  •  •
      22 Pablo se puso en medio del Areópago y dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos,
      23 porque pasando y mirando vuestros asantuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS bNO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, csin conocerle, es a quien yo os anuncio.
      24 El Dios que ahizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, bno habita en templos hechos por manos humanas,
      25 ni es honrado por manos de hombres, como si necesitara de algo, pues él es quien da a todos vida, y aaliento y todas las cosas.
      26 Y de una sangre ha ahecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha bprefijado el orden de los tiempos y los límites de la habitación de ellos,
      27 para que abuscasen a Dios, bsi en alguna manera, palpando, le hallasen; aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros.
      28 Porque en él avivimos, y nos movemos y somos; como algunos de vuestros propios poetas también dijeron: Porque blinaje suyo somos.
      29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a aoro, o a plata, o a piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.
      30 Pero Dios, habiendo apasado por alto los tiempos de esta bignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar que se carrepientan.
      31 Por cuanto ha establecido un día en el cual ha de ajuzgar al mundo con justicia, por aquel varón a quien ha bdesignado, dando fe a todos al haberle levantado de entre los muertos.
      32 Pero cuando oyeron lo de la aresurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos hablar acerca de esto otra vez.
      33 Y así Pablo salió de en medio de ellos.
      34 Pero algunos creyeron y se unieron a él, entre los que también estaban Dionisio, el del Areópago, y una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos.
  9.   1 Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto.
      2 Y halló a un judío llamado aAquila, natural del Ponto, que hacía poco que había venido de Italia con Priscila, su esposa (por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma), y fue a ellos;
      3 y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y atrabajaban juntos, porque el oficio de ellos era hacer tiendas.
      4 Y discutía en la sinagoga todos los adías de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.
      5 Y cuando Silas y aTimoteo vinieron de Macedonia, Pablo, impulsado por el Espíritu, btestificaba a los judíos que Jesús era el Cristo.
      6 Pero oponiéndose y blasfemando ellos, él les dijo, sacudiendo sus vestidos: Vuestra asangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo estoy limpio; desde ahora me iré a los gentiles.
      7 Y habiendo salido de allí, entró en casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga.
      8 Y aCrispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, al oír, creían y eran bbautizados.
      9 Entonces el Señor dijo a Pablo de noche, en avisión: No temas, sino habla y no calles,
      10 porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.
      11 Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.
      12 Y siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo y le llevaron al tribunal,
      13 diciendo: Éste persuade a los hombres a honrar a Dios contra la ley.
      14 Y al comenzar Pablo a abrir la boca, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio o algún crimen enorme, oh judíos, conforme a derecho, yo os toleraría;
      15 pero si son acuestiones de palabras, y de nombres y de vuestra ley, vedlo vosotros, porque yo no quiero ser juez de estas cosas.
      16 Y los echó del tribunal.
      17 Entonces todos los griegos, tomando a Sóstenes, principal de la sinagoga, le golpeaban delante del tribunal; pero a Galión nada de ello le importaba.
      18 Y Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque había hecho voto.
          •  •  •
      24 Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, apoderoso en las Escrituras.
      25 Éste había sido ainstruido en el camino del Señor; y siendo ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba bdiligentemente las cosas que son del Señor, aunque solamente conocía el bautismo de cJuan.
      26 Y comenzó a hablar osadamente en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.
      27 Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron y aescribieron a los discípulos que le recibiesen; y al llegar él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído,
      28 porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.
  10.   1 Y aconteció que mientras Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Éfeso, y hallando a ciertos discípulos,
      2 les dijo: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.
      3 Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Y ellos dijeron: En el abautismo de Juan.
      4 Y dijo Pablo: Juan bautizó con abautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, a saber, en Jesús el Cristo.
      5 Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
      6 Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en alenguas y profetizaban.
      7 Y eran todos como unos doce hombres.
      8 Y entrando Pablo en la sinagoga, habló osadamente por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo en cuanto al reino de Dios.
      9 Pero endureciéndose algunos, y no creyendo y maldiciendo el Camino delante de la multitud, Pablo se separó de ellos y llevó a los discípulos aparte, y discutía cada día en la escuela de uno llamado Tirano.
      10 Y esto continuó por espacio de dos años; de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.
      11 Y hacía Dios amilagros extraordinarios por mano de Pablo,
      12 de tal manera que aun les llevaban a los enfermos los delantales y los pañuelos que habían tocado el cuerpo de Pablo, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus también salían.
      13 Pero algunos de los judíos, que andaban expulsando demonios, intentaron invocar el anombre del Señor Jesús sobre los que tenían malos espíritus, diciendo: Os ordeno por Jesús, el que Pablo predica.
      14 Y había siete hijos de un tal Esceva, judío, principal de los sacerdotes, que hacían esto.
      15 Y respondiendo el aespíritu malo, dijo: A Jesús conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?
      16 Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
      17 Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, tanto judíos como griegos; y cayó temor sobre todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.
      18 Y muchos de los que habían creído venían, aconfesando y dando cuenta de sus hechos.
      19 Asimismo, muchos de los que habían practicado la hechicería trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y sacada la cuenta del precio de ellos, hallaron que era cincuenta mil denarios.
      20 Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.
      21 Y pasadas estas cosas, Pablo se propuso en el espíritu ir a Jerusalén, después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allá, me será menester ver también aRoma.
      22 Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, Timoteo y Erasto, él se quedó por algún tiempo en Asia.
      23 Hubo por aquel tiempo un alboroto no pequeño acerca del Camino,
      24 porque un platero llamado Demetrio, que hacía de plata templecillos de aDiana, daba a los artífices no poca ganancia;
      25 a los que, reunidos con los obreros del mismo oficio, dijo: Varones, sabéis que de este oficio obtenemos nuestra ganancia;
      26 pero veis y oís que este Pablo, no solamente en Éfeso, sino en casi toda Asia, ha apartado a mucha gente con persuasión, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos.
      27 Y no solamente hay peligro de que éste, nuestro anegocio, venga a desacreditarse, sino también de que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada y comience a ser destruida la grandeza de ella, a quien honra toda Asia y el mundo entero.
      28 Oídas estas cosas, se llenaron de ira y dieron gritos, diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios!
      29 Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se lanzaron al teatro, arrastrando a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo.
      30 Y queriendo Pablo salir ante el pueblo, los discípulos no le dejaron.
      31 También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, le enviaron recado, rogándole que no se presentase en el teatro.
      32 Y unos gritaban una cosa y otros, otra; porque la concurrencia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.
      33 Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, empujándole los judíos. Entonces Alejandro, habiendo pedido silencio con la mano, quiso hablar en su defensa ante el pueblo.
      34 Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, todos a una voz gritaron casi por dos horas: ¡Grande es Diana de los efesios!
      35 Entonces el escribano, adespués de apaciguar a la gente, dijo: Varones efesios, ¿y quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los efesios es guardiana del templo de la gran diosa Diana, y de la imagen descendida de bJúpiter?
      36 Puesto que esto no puede ser contradicho, es necesario que os apacigüéis y que nada hagáis precipitadamente,
      37 pues habéis traído a estos hombres, sin ser sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa.
      38 Que si Demetrio y los artífices que están con él tienen queja con alguno, audiencias se conceden, y procónsules hay; acúsense los unos a los otros.
      39 Y si demandáis alguna otra cosa, en legítima asamblea se puede decidir.
      40 Porque peligro hay de que seamos acusados de sedición por lo sucedido hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este tumulto.
      41 Y habiendo dicho esto, despidió la concurrencia.
  11.   6 Y nosotros, pasados los días de los apanes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde estuvimos siete días.
      7 Y el primer adía de la semana, reunidos los discípulos para bpartir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.
      8 Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos.
      9 Y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, como Pablo hablaba largamente, vencido por el sueño, se cayó del tercer piso abajo y fue alzado muerto.
      10 Entonces descendió Pablo y se tendió sobre él, y aabrazándole, dijo: No os alarméis, pues su alma está en él.
      11 Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba, y así partió.
      12 Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.
          •  •  •
      29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros alobos rapaces que no perdonarán al rebaño;
      30 y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para aarrastrar a los discípulos tras sí.
      31 Por tanto, velad, acordándoos de que por tres años, de noche y de día, no he cesado de aamonestar con lágrimas a cada uno.
  12.   32 Y Agripa dijo a Festo: Este hombre podría ser puesto en libertad si no hubiera apelado a César.
  13.   1 Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.
          •  •  •
      41 Pero dando en un lugar de dos aguas, hicieron encallar la nave; y la proa, hincada, quedó inmóvil, y la popa se abría con la fuerza del mar.
      42 Entonces los soldados acordaron matar a los presos, para que ninguno se fugase nadando.
      43 Pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, les impidió ese intento, y mandó que los que supiesen nadar se echasen primero y saliesen a tierra;
      44 y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave. Y así aconteció que todos se salvaron saliendo a tierra.
  14.   1 Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.
      2 Y los nativos nos trataron con no poca humanidad, porque, encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía y del frío.
      3 Entonces Pablo, habiendo recogido algunas ramas, las echó al fuego; y una avíbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano.
      4 Y cuando los nativos vieron la víbora colgando de su mano, se decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, aunque haya escapado del mar, la justicia no deja vivir.
      5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.
      6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o que cayese muerto de repente; pero habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un adios.
      7 En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó amistosamente tres días.
      8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, aenfermo de fiebre y de disentería. Pablo entró a verle y, después de haber orado, le impuso las bmanos y le sanó.
      9 Y hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades llegaban y eran sanados,
          •  •  •
      16 Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar; pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.
      17 Y aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los que, una vez que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos.
      18 Ellos, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte.
      19 Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César, mas no porque tenga de qué acusar a mi nación.
      20 Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros, porque por la aesperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.
      21 Entonces ellos le dijeron: Nosotros no hemos recibido cartas de Judea tocante a ti, ni ha venido ninguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti.
      22 Pero querríamos oír de ti lo que piensas, porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.
      23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los que les declaraba y testificaba el reino de Dios, persuadiéndolos acerca de Jesús, tanto por ala ley de Moisés como por los bprofetas, desde la mañana hasta la tarde.
      24 Y algunos aceptaron lo que se decía, pero otros ano creían.
      25 Y como no estuvieron de acuerdo entre sí, al irse, Pablo les dijo esta palabra: Bien habló el aEspíritu Santo mediante el profeta Isaías a nuestros padres,
      26 diciendo:
    aVe a este pueblo, y diles:
    De oído oiréis, y no entenderéis;
    y viendo veréis, y no percibiréis;
      27 porque el acorazón de este pueblo se ha engrosado,
    y con los oídos oye pesadamente,
    y han cerrado sus ojos;
    no sea que vean con los ojos,
    y oigan con los oídos,
    y entiendan de corazón,
    y se conviertan,
    y yo los sane.
      28 Sabed, pues, que a los agentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán.
      29 Y habiendo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo entre sí gran discusión.
      30 Y Pablo se quedó dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,
      31 predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo con toda libertad y sin impedimento.
  15.   26 Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una acolecta para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.
  16.   1 Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia,
      2 que en gran prueba de atribulación, la abundancia de su gozo y su profunda bpobreza abundaron en riquezas de su cgenerosidad.
      3 Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas;
      4 pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de aparticipar en este servicio para los santos.
      5 Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos ase dieron primeramente al Señor, y en seguida a nosotros, por la voluntad de Dios.
  17.   9 Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, para ninguno fui carga, porque lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia; y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso.
  18.   16 Y cuando esta carta se haya leído entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que ala de Laodicea la leáis también vosotros.
  19.   9 Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, y en el reino y en la apaciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo.
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      11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el aprimero y el último. bEscribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, y a Esmirna, y a Pérgamo, y a Tiatira, y a Sardis, y a Filadelfia y a Laodicea.
  20.   24 Sin embargo, no por esto dejaba de ser un hecho el que yo hubiera visto una visión. He pensado desde entonces que me sentía igual que aPablo, cuando presentó su bdefensa ante el rey Agripa y refirió la visión, en la cual vio una luz y oyó una voz. Mas con todo, fueron pocos los que le creyeron; unos dijeron que estaba mintiendo; otros, que estaba loco; y se burlaron de él y lo vituperaron. Pero nada de esto destruyó la realidad de su visión. Había visto una visión, y él lo sabía, y toda la persecución debajo del cielo no iba a cambiar ese hecho; y aunque lo persiguieran hasta la muerte, aún así sabía, y sabría hasta su último aliento, que había visto una luz así como oído una voz que le habló; y el mundo entero no pudo hacerlo pensar ni creer lo contrario.
      25 Así era conmigo. Yo efectivamente había visto una luz, y en medio de la luz vi a dos aPersonajes, los cuales en realidad me hablaron; y aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto; y mientras me perseguían, y me vilipendiaban, y decían falsamente toda clase de mal en contra de mí por afirmarlo, yo pensaba en mi corazón: ¿Por qué me persiguen por decir la verdad? En realidad he visto una visión, y ¿quién soy yo para oponerme a Dios?, o ¿por qué piensa el mundo hacerme negar lo que realmente he visto? Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía bnegarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condenación.